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Hacia dónde vamos los que vamos

El cine en el presente atraviesa grandes problemas respecto a su existencia como "el arte de masas" que, me animo a afirmar, ya no es. Entre todos esos problemas el que menos se analiza es el público. No nos preguntamos cómo es el espectador. La realidad es que no hay público para el cine y mucho menos lo habrá en el futuro próximo.

El comentario post salida del cine hoy en día denota una acción contraria a lo que implica ver una película y se asemeja más a una degustación efímera de una presunta sensación generada. Desde hace unos años, con esta nueva etapa "dorada" de las series, la trama cobró mayor relevancia en el debate público sobre el cine por encima de lo que se narra a través del relato. Esto poco a poco fue degradando el pensamiento crítico sobre las películas y hoy las conversaciones solo rondan alrededor de "lo bien que estuvo tal actor" o la duración de más o de menos. Ese accionar es propio de la degustación de un plato de comida más que el análisis de una obra, carente de relevancia en el significado de la vida. Lo que explica la pérdida de relevancia del cine como arte popular. Además, es algo efímero. La conversación puede durar cinco minutos con suerte y se pasa a otra cosa. Ya no importa lo que se recibe, solo importa recibirlo y emitir una opinión por más forzada y falsa que sea. Hoy se degustan las películas para adjetivizarlas y aparentar una idea de sensación que se olvida al instante.

Frente a ese estado del espectador posmoderno no vemos una postura responsable y crítica de los que quieren hacer cine, la cual es en realidad esquiva al conflicto. Existe una zona de confort en taparse los ojos y repetir la frase, ya sin sentido, "todo cine tiene su público" y no analizar el problema. Por supuesto que un/a cineasta propone su visión de mundo a través de un relato como autores de una obra cinematográfica, pero eso se confunde con el individualismo que afecta al cine. La idea generalizada es seguir haciendo películas y fingiendo la existencia de una popularidad inalcanzable como si el cine no estuviera en estado de coma. La realidad es que el cine probablemente esté en su peor momento histórico con un tornado de factores que lo determinan.

A lo largo de su historia, hubo críticos o pensadores que alertaban una supuesta muerte del cine que nunca llegaba y poco probable. Hoy parece no solo posible sino cercana, y no tiene que ver con la extinción literal de las películas y las salas. Viene por el lado más intelectual, lo cual es aún más preocupante. Para evitar la verdadera muerte del cine hay que volver a pensar la dinámica cineastas-espectadores pero en profundidad. Hay que pensar en reeducar y reeducarnos cinematográficamente.

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